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CONTIGO APRENDÍ
PREMIO FERNANDO LARA DE NOVELA 2011

''Equivocarse es a veces el mejor camino para aprender a ser fiel a uno mismo''

María Luisa Álvarez Bohem ve cambiar toda su vida el mes de marzo de 1930. Acaba de terminar de forma muy dolorosa su relación secreta con Fernando Aguirre, el joven Conde de Montemar, venido a menos y que, a instancias de sus hermanas, la abandona para contraer matrimonio con Marta Gómez de Gaspar, una acaudalada heredera de la alta sociedad. La importante familia de María Luisa, por su parte, se encuentra en la ruina tras el crack del 29, después de haber invertido sus ahorros en Bolsa a instancias de Radis, su madre. Ésta verá en un matrimonio provechoso de su hija la salida más rápida a su acuciante situación cuando le hablan de José Rodríguez, un rico indiano que ha hecho fortuna en La Habana y que acaba de regresar a Asturias con el único propósito de casarse.

José no ha llegado, sin embargo, sin ambiciones. Su espectacular entrada en Malleza con un flamante Hispano-suiza y su mejor traje tiene como propósito encontrar a la mujer más bella de la zona. Así se lo hace saber a Don Sabino, médico de la localidad, que transmitirá a Radis que considera a José una gran oportunidad para María Luisa, que quizá vería en su partida a Cuba una salida honrosa y una liberación al dolor que le ha causado su separación de Fernando Aguirre. A pesar de lo precipitado de la proposición de José, los Álvarez Bohem consienten en casar a su hija al constatar que el indiano se ha enamorado de ella. Saben, por supuesto, que María Luisa no lo ama, pero José, siempre bien dispuesto y luchador, confía en conseguir que eso cambie, y los padres de la bella María Luisa sólo desean pasar página y mejorar su situación.

Por supuesto, y a pesar de que José consigue que María Luisa no se muestre muy esquiva inicialmente, tras la noche de bodas ya duermen separados. María Luisa sólo admite ante sí misma que la pasión que siente por José en privado es tanta como el desagrado que le produce su marido en público. Solo el aparente desdén de José propiciará algún acercamiento durante el viaje de vuelta a La Habana en el Mauritania, pero la llegada a su destino no hará más que complicar las cosas.

José posee una finca en Pinar del Río y una casa en el barrio de Miramar, que María Luisa espera decorar con ilusión. Pero hasta que ese momento llegue recalan en la hacienda, y allí, el clima, las incomodidades y el austero modo de vivir de José la desorientan como nunca. Su entrada en la sociedad local, sensual y escasamente pudorosa, donde su belleza es percibida como fría y distante, hace mella en su autoestima, pero comienza a adaptarse, gracias a la ayuda de los amigos de José en la isla y a la distancia que la separa de Fernando.

Pero esta condescencencia y unos inicios no más que tibios no pueden hacer que olvide a Fernando, que vuelve a escribirle, y desea verla de nuevo en Nueva York, adonde sabe que acudirá con José, tras haberse reencontrado en una fiesta. Con esta expectativa en ciernes, María Luisa disfruta con su marido, alojada en el Hotel Waldorf Astoria, de una ciudad vibrante que podrá ver brillar de la mano de Xavier Cugat y su mujer, Carmen Castillo, amigos del indiano, y donde conocerá a grandes personalidades como Fred Astaire, Roosevelt o Dorothy Parker. La siempre sofisticada María Luisa, dueña de esa belleza rubia y glacial, tan del gusto del Hollywood de entonces, encuentra su sitio y se inicia en el coleccionismo de arte oriental. Pero estas veleidades no contribuirán a hacerla más feliz sino a lanzarla en brazos de Fernando, con quien finalmente decide encontrarse. Es una cena tensa, en la que José se muestra educado pero frío y en la que María Luisa comprende que sigue queriendo a Fernando como siempre. Sin embargo, todo se precipita.

Tras volver a Cuba repentinamente debido a un incendio en la plantación que José tiene, María Luisa se da cuenta de que no ama a José, que la tibieza que la rodea no colma su deseo de felicidad y riesgo, y enferma de pena. Los hechos acabarán de precipitarse para ella cuando recibe una carta de Fernando -como siempre camuflada en la correspondencia de su amiga María Teresa-, que le reitera su amor, su convencimiento de que es posible que retomen su relación, y su compromiso de abandonar a su esposa para iniciar una vida en común.

María Luisa se verá entonces obligada a sopesar cuánto de auténtico hay en su vida. Los motivos por los que accedió a casarse con José, la temida reflexión sobre el inmenso amor que él le ha regalado y la certeza de que no puede corresponderle precipitan a una mujer ya de por sí compleja al riesgo, a la toma de decisión que no puede posponerse, a pesar del miedo terrible a causar dolor que la atenaza. Pero el camino que elige será precisamente el necesario para conocer el precio que debe pagarse por aprender a vivir de otra manera.




 

 


 

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